Здравствуй, мой дорогой друг! Как дела? Hoy
estoy muy contento porque regresamos a estas entradas de este blog sobre la
cultura de los rusos, pues no solamente se habla de las proezas deportivas de
los futbolistas para estar dentro de los 32 equipos que disputarán en menos de
dos años el honor de ser llamados campeones del mundo, sino que también en este
blog se hablará de cultura rusa sin el velo rojo del morbo, simplemente para
conocer mejor a este pueblo fascinante.
Por esta razón, he decidido
seguir con este tema de la cultura, y el tema de esta entrada es el ajedrez.

¿Por
qué ajedrez ahora? ¡Qué aburrido!
He
escogido este tema porque ahora mismo, en la vecina república de Azerbaiyán, en
su capital, Bakú, se celebra la XLII Olimpiada de Ajedrez, donde equipos de
todos los países van por la victoria, en las ramas varonil y femenil. Son
equipos de cinco, pero juegan cuatro jugadores (uno es sustituto): uno por cada
tablero. El jugador que gana una partida se anota un punto. En caso de empate,
se anota medio punto. Al terminar las cuatro partidas se suman los puntos
obtenidos. El equipo que saca más puntos gana ese juego. Por cada juego, se
otorgan 2 puntos por victoria, uno por empate y cero por derrotas. El equipo
con más puntos, además de más puntos en los desempates, gana la olimpiada.

Ahora
bien… ¿qué tiene que ver Rusia con el ajedrez?
Mucho
del ajedrez no se entendería si no fuera por los rusos, grandes amantes del
deporte ciencia. Para este artículo, asumiré que ya conoces lo básico de este
juego. Caso contrario, en cualquier página de Wikipedia lo podrás ver. De
regreso al tema, uno de los términos más famosos del ajedrez es “jaque mate”,
que deriva del persa ساه ماته (pronunciado como shâj mâta, es decir el rey está muerto),
objetivo de toda partida de ajedrez. Justo a partir de este término surgió el
nombre ruso de este deporte, шахматы
(pronunciado shájmaty). Rusia recibió este deporte del oriente por las rutas
comerciales de Oriente a través de Jazaria, justo en el delta del río Volga. Ya
para la época de Pedro I (allá por los siglos XVI y XVII) se jugaba ajedrez por
todo el Imperio Ruso.

Si
bien Rusia ya tomaba un papel importante en el ajedrez, en plena Revolución
Rusa, Vladímir Ivánovich Lenin en 1917 dijo: “El ajedrez es gimnasia para la
mente”. Tras el triunfo bolchevique, esta consigna se transformó en propaganda
socialista y de repente, toda la población soviética estaba volcada a los
tableros, ya que era visto como una actividad prestigiosa y moderna. Los
mejores jugadores soviéticos eran vistos como celebridades y eran admirados por
el pueblo soviético. Este desarrollo frenético era respaldado por el gobierno
soviético, e incluso Stalin sabía los recovecos de todos los torneos más importantes
de la Unión Soviética.

Unión Soviética: constelación de ajedrecistas
Ni las guerras mundiales segaron el gusto de los
soviéticos por el ajedrez, donde en la Guerra Fría cada victoria suya era vista
como la supremacía del socialismo sobre el capitalismo. Esta nación ha aportado
casi el 70% de los campeones mundiales. Su dominio es tal, que desde 1952,
cuando la Unión Soviética debutó en la X Olimpiada Mundial en Helsinki,
Finlandia, los equipos soviéticos han ganado prácticamente todas las ediciones,
salvo en tres ocasiones: Haifa 1976, cuando no se presentó la URSS a participar
(Estados Unidos ganó); Buenos Aires 1978, cuando un equipo húngaro capitaneado
por Lajos Portisch sorprendió al mundo al ganarle a los soviéticos, y Tromso
2014, cuando los chinos por fin se alzaron con la victoria, tras la victoria
del plan de 20 años.
De los campeones
mundiales individuales, ha habido un total de 15 soviéticos: 13 oficiales y 2
extraoficiales. Dentro de los principales campeones, hay que destacar: Михаил Тал (Mikhail Tal), Михаил Ботвинник (Mikhail Botvinnik, a la
izquierda), Тигран Петросян (Tigran Petrosian, armenio, a la derecha), Анатолий Карпов (Anatoly Karpov) y Гарри Каспаров (Gary Kasparov); después de la
caída de la URSS, los destacados son Владимир Крамник Vladímir Kramnik, Александр Халифман Alexander Khalifman, Ruslan Ponomariov (ucraniano) y Rustam Kasimdzhanov
(uzbeco). Uno de los campeones que no fue soviético, Bobby Fischer, fue el
principal rival de Борис Спаский (Boris Spassky), en un momento donde el ajedrez era un campo de batalla más
de la guerra fría. Cada lance de piezas mantenía en vilo al mundo entero.
Incluso, Fischer aprendió ruso para aprender ajedrez de los libros de la
escuela soviética.
Rivalidades internas

Es particularmente interesante la rivalidad de
Karpov-Kasparov. Ellos sí estaban en el mismo equipo soviético que dominaba a
placer el mundo del ajedrez. Era como tener a Messi y a Cristiano Ronaldo en un
mismo equipo. Karpov representaba al favorito del sistema: ruso y miembro del parlamento
soviético; en cambio, Kasparov era el representante de la Perestroika: no era
ruso, sino azerí, reaccionario (en la actualidad, es el adversario de Putin más
fuerte y famoso), representante de las teorías de Yeltsin y promotor del cambio
de la URSS. En 114 partidas, estos dos jugadores forjaron tal rivalidad y
crecieron tanto en nivel, que ningún jugador los podía alcanzar. Al final, Gari
Kasparov se quedó con el título mundial, que lo retuvo desde 1985 hasta 1993,
cuando un cisma en la FIDE (la FIFA del ajedrez) le retiró el campeonato, a
pesar de seguir siendo el mejor jugador según el ránking Elo (como el ranking FIFA,
pero por cada jugador).
El ajedrez en la actualidad rusa

Definitivamente, el ajedrez ha tenido una
reducción en la importancia, tanto que solo el 2% de los rusos asegura conocer
al campeón mundial. Los medios de comunicación han tenido bastante
responsabilidad en esto: cómo olvidar la época dorada del ajedrez desde los 70
hasta el final de la Guerra Fría, donde en todos los periódicos más importantes
había por lo menos una o dos páginas con análisis de las mejores partidas,
además de transmitirse por televisión. Ahora, solo se publica una página en
diarios esporádicos con breves análisis. Y si a esto le sumamos una visibilidad
en televisión prácticamente nula, es muy poco probable que en un corto plazo el
ajedrez tenga una gran proyección como en esas fechas. Esto se traduce en menor
patrocinio, por lo que los jugadores deben optar entre una inmersión total en
el ajedrez con la volatilidad económica que esto representa o balancear entre
la formación y la elección de una profesión que reditúe en dinero.

Sin
embargo, si bien el mejor jugador en la actualidad es el noruego Magnus Carlsen (en la imagen) con 26 años, 7 jugadores rusos forman parte del top 20: Александр Грищук (Alexander Grischuk) en
el lugar 3, Сергей Карякин (Serguéi Kariákin), jugador con el récord de haber obtenido el título
de Gran Maestro a la edad más temprana (12 años), en el lugar 6 y Vladímir
Kramnik, en el lugar 8, son los más importantes.

El
presidente actual de la FIDE es el ruso Кирсан Илюмжинов (Kirsán Iliumzhínov), kalmuko de
nacimiento (etnia rusa descendiente de los mongoles de las estepas siberianas,
y cuya región tiene como principal religión el budismo). Este individuo generó
dinero importando coches japoneses a Rusia, y a partir de su afición por el
ajedrez, hizo construir una especie de ciudad ajedrecística en Elistá, capital
de Kalmukia, de donde fue presidente.
Las mujeres en el ajedrez

Si bien en la actualidad, las ajedrecistas rusas
no tienen el esplendor de hace 20 años, cuando también dominaban la escala
mundial, no por eso han dejado de dominar. Es cierto que cuando se dice ajedrez
femenino saltan a la vista nombres como las hermanas Polgar, ajedrecistas
húngaras tan potente que incluso la hermana mayor, Judith, jugaba en los
equipos varoniles y le ganó una partida a Kasparov tras sus comentarios de
menosprecio al nivel de las mujeres en el ajedrez, o Hou Yifan, campeona
indiscutible desde el 2010, desde el mismo año el equipo ruso ha ganado las
olimpiadas. Dentro de las jugadoras más destacadas se encuentra la “reina del
ajedrez”, Alexandra Kosteniuk, que puedes ver en esta imagen.

En fin, aquí está el primer artículo de esta
semana. Ahora sí prometo no dejar esto a medio terminar, sobre todo para que
estés muy bien informado con respecto a la cultura rusa. До свидания!


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